Si el escaño pendiente del voto por correo cae, finalmente, del lado de EA, UPyD sería imprescindible en la investidura de López. La ex consejera socialista Rosa Díez, el símbolo de la formación magenta, ya ha anunciado que el apoyo tendría que negociarse. Así pues, de los hechos constatables pasemos a las preguntas. ¿Cómo verían los votantes socialistas que las peticiones de Díez condicionaran la legislatura? ¿Pueden considerar socia "leal" a quien abandonó la formación desengañada del PSOE? ¿Qué desgaste supondría para UPyD, especialmente en el resto del Estado, que sus exigencias echaran al traste con la aspiración de relevo en la Lehendakaritza?El Partido Popular de Basagoiti pierde dos escaños, pasando de 15 a 13. Pero esos 13 suman, con los hipotéticos 25 del PSE, los 38 necesarios para la mayoría. En 2004, los populares apoyaron a López en la investidura sin pedir nada a cambio. Quizá no pidieron nada porque sabían, de antemano, que nada podrían darles unos socialistas que no alcanzarían el Gobierno. Pero ahora sí es posible. Y las elecciones gallegas pueden hacer que el apoyo del PP cotice al alza y se tenga que pagar más caro.
Y luego, para terminar con el tema de las posibles coaliciones, está la opción en principio más enrevesada: un pacto PNV-PSE. Con Ibarretxe o sin Ibarretxe como candidato a lehendakari, que ésa es otra. Tras una campaña muy personalista, la cabeza del de Llodio puede ser el precio que pida el PSE. El PNV, por su parte, ya ha dicho que lo que los socialistas decidan en Euskadi hará que el PNV haga sus movimientos en Madrid, en uno u otro sentido. En resumen: estamos casi como al principio. Y seguro que salir del laberinto del Minotauro era más fácil que optar por una u otra vía para intentar lograr una gobernabilidad que, a priori, parece complicada.
Ganadores y perdedores confirmados
Dejando a un lado el asunto del Gobierno, hay un partido claramente ganador y dos que pierden, y mucho. Gana Aralar, con Aintzane Ezenarro a la cabeza y explicando ya a tres compañeros qué van a encontrarse en la Cámara Vasca. Pasando de 1 a 4 escaños, Aralar recibe probablemente votos de Eusko Alkartasuna y votos de la ilegalizada izquierda abertzale: el voto nulo ha supuesto un 8'8% de los sufragios, frente al 12% que logró EHAK en 2005. Y, pese a esa bajada, las "papeletas de oro" se habrían convertido en 7 parlamentarios de D3M si la Justicia no las hubiera ilegalizado. Dato a tener en cuenta para hacer un análisis completo de la realidad vasca.
Pero tampoco sirve escudarse en las ilegalizaciones para justificar un descenso como el que ha sufrido Ezker Batua. Y Javier Madrazo, sin asumir responsabilidades propias, sí lo ha hecho. La bajada de su formación la ha achacado a la dinámica de la izquierda española y europea y a la exclusión de D3M y Askatasuna. EB tiene un parlamentario, pero no es Madrazo. No deja de ser curioso, y tal vez sea también premonitorio de lo que puede pasar por mucho que Madrazo se aferre a esas explicaciones y no presente su dimisión.
Quien sí ha puesto ya su cargo a disposición del partido es Unai Ziarreta (Eusko Alkartasuna). Ha sido el último momento de coherencia de la campaña. Eso ha destacado durante estas semanas de EA: la coherencia, quizá suicida coherencia. Mientras avanzaba el escrutinio. La dirección decía a los periodistas, en petit comité, que deberían de apechugar con la derrota los que votaron por ir sólos, sin el PNV. Pero Ziarreta no se escudó en ello: anunció en caliente que se iba, que habría un Congreso extraordinario y que los que vayan detrás lo harán mejor.
Ziarreta tuvo la papeleta más difícil de la noche electoral, y es la primera cabeza de turco que se cobra la campaña. ¿Será la única?






Que nadie entienda gris como mala. Una campaña electoral, a mi juicio, no puede calificarse como buena o mala en su conjunto; pero, a nivel comunicativo, sí podemos decir que ésta es una campaña de perfil bajo. Salvo el atril de Ibarretxe, con letras recortadas, el bus magenta de UPyD y el amarillo de EA, nada es demasiado nuevo ni llamativo. Tampoco las propuestas escuchadas hasta ahora (tal vez eclipsadas por la tremenda personalización de los mensajes) han dado para mucho. Así que los que animan un poco el cotarro son los jóvenes de las diferentes formaciones políticas. 
La campaña electoral también está sacando a la luz pública otras juventudes menos conocidas para el común. Iratzarri, organización juvenil de Aralar, ha llenado de pegatinas como las de abajo algunas calles de Euskadi. Originales, buscando de nuevo lo pasional, y destacando de nuevo que sí habrá una fuerza de izquierda abertzale entre las papeletas del 1 de marzo.
































